
Ultraderechista
Alejandro Ordóñez tiene una buena dosis de malquerientes, aun desde antes de que fuera elegido por el congreso Procurador General de la Nación, incluso por votos de la izquierda. Y si no, pregúntenle a Gustavo Petro, ahora víctima de su propio invento, investigado por irregularidades en el nuevo sistema de recolección de basuras en Bogotá.
Para los partidarios del matrimonio entre parejas del mismo sexo y el aborto, Ordóñez es un anatema, y probablemente encaja en la visión estereotipada que tienen del Cristianismo en general.
Y no es así. Alejandro Ordóñez es miembro de un movimiento marginal dentro de la Iglesia Católica, que quiere regresar a la misa tridentina, en lo superficial, y a las organización eclesial anterior al Concilio Vaticano II, en lo estructural.
Para los partidarios del estado laico o no confesional, Ordóñez es también anatema, y probablemente encaja en la visión estereotipada que tienen del conservador-godo en general.
Y no es así. Alejandro Ordóñez difícilmente representa al conservador moderno. Si bien en el aspecto social, Colombia sigue siendo formal y profundamente conservadora, paradógicamente al mismo tiempo profesa una actitud bastante liberal en cuanto a organización marital y de familia. Ningún conservador de ahora aceptaría a pies juntillas toda la cosmovisión del Procurador. Y menos la versión más reciente del conservador, que viene a concentrarse básicamente en el aspecto fiscal.
¿Qué puede mantener al Procurador sintonizado a la opinión pública? Dos cosas: la antipatía que el grueso de la población siente por los grupos al margen de la ley y sus simpatizantes y – seamos francos - la oposición que mantienen contra el matrimonio entre parejas del mismo sexo.
Las decisiones que favorezcan a la comunidad LGBTI por esta razón difícilmente vendrán del poder legislativo; será el poder judicial que no haya cooptado el Procurador con su red burocrática, el que termine esta labor.
Y hasta ahora, parecía que a pesar de sus evidentes posturas controversiales, el funcionario era un inamovible y que no había flanco por el que se le pudiera atacar (tiene 96 procesos ante la Corte Suprema de Justicia y ninguno ha avanzado un ápice).
Pero, de acuerdo a lo publicado hoy por Daniel Coronell en Revista Semana, tenemos un Procurador que niega el holocausto judío, porque ni siquiera es capaz de contestar con un sí o con un no esa pregunta. Ricky Martin durante décadas declinó contestar a la prensa si era gay o no; y hubiera podido alegar la homofobia como motivo para no contestar. Luego, por sus propios medios decidió salir del clóset.
El Procurador General de la Nación no puede darse el lujo de no contestar semejante pregunta, porque el holocausto judío si existió. Adolf Hitler asesinó en cámaras de gas a más de seis millones de judíos. Esto es tan serio que en algunos países se considera delito negar el holocausto.
Por un lado, nadie debería ir a la cárcel por decir estupideces, las leyes antidiscriminación que contemplan sanciones de este estilo simplemente penalizan la libertad de expresión. Y por otro lado, nadie que ejerza un cargo público puede mantenerse en el diciendo estupideces con impunidad. Ahora sí que la presión social debe subir al máximo.
Por esto Ordóñez el criptonazi, debe irse y pronto.
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